La Santidad de Dios: Daniel
La vida cristiana encuentra uno de sus fundamentos más profundos cuando contempla la santidad de Dios. No se trata simplemente de una idea elevada o de un concepto teológico abstracto, sino de la realidad central que define quién es Dios y cómo el ser humano debe relacionarse con Él. La Escritura declara con claridad que solo Dios es santo (Apocalipsis 15:4), y esta afirmación no debe ser entendida como si la santidad fuera un atributo más entre muchos, sino como la esencia misma de su ser. Dios no “tiene” santidad como quien posee una cualidad añadida; Dios es santo en su naturaleza más íntima, perfecta e inmutable. Su santidad no depende de nada externo, no cambia con el tiempo y no puede ser comparada con nada creado. Es absoluta, infinita y gloriosa. Por eso, cuando la Biblia habla de Dios, una de las expresiones más recurrentes es la de su “santo nombre”. La santidad es la belleza de Dios, aquello que da pureza y perfección a todos sus demás atributos. Su amor es santo, su ju...